17 de octubre: Seminario Externo – Dr. Gustavo Somoza (INTECH)

El próximo lunes 17 de octubre a las 15 hs, nos visitará el Dr. Gustavo Somoza, Investigador Superior de CONICET, perteneciente al Laboratorio de Ictiofisiología y Acuicultura del Instituto Tecnológico de Chascomus (INTECH), institución de la cual es también actualmente su director.

Nos brindará un seminario titulado “Neuroendocrinología de la reproducción en peces. Gnrh, Kisspeptinas y Gnih. Qué sabemos y qué nos falta por conocer”.

El seminario se realizará en el Aula Estevariz, segundo piso.

Científicos y científicas del CONICET reflexionan sobre el Premio Nobel de Medicina otorgado al fundador de la paleogenómica

Graciela Bailliet, Rolando González-José y Rodrigo Nores explican por qué Svante Pääbo fue laureado hoy.

Por: Cintia Kemelmajer

Ilustración: Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach

¿De dónde venimos y cómo nos relacionamos con los que nos precedieron? ¿Qué hace a los Homo sapiens diferentes de otros homínidos? Por sus descubrimientos sobre los genomas de los homínidos extintos que permitieron responder estas preguntas sobre la evolución de la humanidad, esta mañana la Academia Sueca decidió otorgar el Premio Nobel de Medicina 2002 a Svante Pääbo. Este científico logró algo aparentemente imposible: secuenciar el genoma neandertal, un pariente extinto de los humanos actuales. También descubrió un homínido previamente desconocido: los denisovanos. “Es importante destacar que Pääbo también descubrió que se había producido una transferencia de genes de estos homínidos ahora extintos a Homo sapiens tras la migración fuera de África hace unos setenta mil años. Este antiguo flujo de genes a los humanos actuales tiene relevancia fisiológica hoy en día, por ejemplo, afectando la forma en que nuestro sistema inmunológico reacciona a las infecciones”, destacó la Academia Sueca sobre las razones de este galardón.

La investigación fundamental de Pääbo dio lugar a una disciplina científica completamente nueva, llamada paleogenómica, que permitió la historia evolutiva de nuestra especie y revelar las diferencias genéticas que distinguen a todos los humanos vivos de los homínidos extintos. Básicamente, sus descubrimientos proporcionaron la base para explorar lo que nos hace únicamente humanos.

“Creo que con este galardón se está premiando la perseverancia en el estudio de los genomas antiguos, de la apertura de una línea de investigación nueva que hoy conocemos como paleogenómica. La Academia Sueca está reconociendo su formación de recursos humanos, el desarrollo de metodologías y aspectos técnicos, y los hallazgos que derivaron de estudiar los genomas antiguos”, indica Rolando González-José, investigador del CONICET en el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH-CENPAT) y actual director del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET), que desarrolla sus estudios en el campo de la genómica de poblaciones y conoció a Pääbo en los tempranos 2000, mientras cursaba su doctorado en Barcelona. “Sus charlas siempre fueron muy estimulantes, no imaginaba que obtendría el Nobel, pero viéndolo en perspectiva me parece un reconocimiento muy merecido”, asegura.

“Su contribución a la paleogenómica es fundamental – continúa González José-. Fue el promotor de pensar cómo estudiar el ADN antiguo, cuáles son los estándares de calidad, cómo transformar esa información en algo reconocido, contrastable, con protocolos de calidad. No solo le debemos su impulso sino también el orden metodológico que le dio al campo. Una vez que se alcanzó ese piso mínimo de calidad que él otorgó, las investigaciones permitieron reconstruir el acervo genético de las especies homínidas más emparentadas con la nuestra”.

González-José se sorprendió con la noticia de que la Academia Sueca decida otorgarle el máximo galardón de Medicina, ya que “el campo a la genética de poblaciones humanas no se asocia directamente con esa disciplina científica. Por lo tanto es una noticia muy agradable para quienes trabajamos en esas disciplinas, porque creemos que la comprensión de la evolución es inseparable de la comprensión de los rasgos que nos definen como humanos. En esa comprensión están las enfermedades, que tienen también su propio abordaje desde el punto de vista de la diversidad genética dentro de las poblaciones y entre distintas poblaciones humanas”.

Rodrigo Nores, investigador del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR; CONICET-UNC) y colaborador de uno de los discípulos de Svante Pääbo que trabaja en la Universidad de Harvard, coincide en la sorpresa: “Me resultó inesperado, porque su principal aporte no está en la Medicina ni en la Fisiología, sino en el conocimiento de nuestra propia historia, pero de todas maneras creo que eso amerita este premio. Pääbo es sin dudas el padre de la disciplina que es la paleogenómica. Ha trabajado en esto durante más de treinta años y estableció las primeras pautas de trabajo para recuperar ADN de muestras antiguas. Al ser restos esqueletales de miles o decenas de miles de años, el ADN disponible en estas muestras de origen arqueológico es muy poco y está degradado, y presenta el riesgo de contaminación con ADN humano moderno. Entonces Pääbo fue el pionero, a fines del siglo pasado y principios del 2000, en el desarrollo de los métodos para superar estas limitaciones. Inicialmente la disciplina se conocía como paleogenética, y sólo se analizaban secuencias de ADN muy pequeñas, y derivaron en la paleogenómica, que permite conocer la totalidad del genoma. Fue un salto sustancial en la cantidad de información a obtener de una muestra”.

Nores continúa: “Esta disciplina ha tenido un desarrollo muy grande en los últimos diez o doce años, y permitió a partir de avances tecnológicos, teóricos, de estadística y de análisis computacional, conocer muchísimo de la historia de nuestra especie y de estos otros homínidos. En este premio Nobel que le otorgan vinculan esos aspectos con la Medicina, con las implicancias fisiológicas y médicas que tiene el conocimiento de los genomas”, reflexiona.

Asimismo, explica que la paleogenómica es una disciplina dentro de la antropología biológica que se ocupa del estudio de la historia evolutiva de nuestra especie, Homo sapiens, y de otras especies de homínidos extintos como son los neandertales, a través del estudio del ADN antiguo. “El ADN antiguo es el que se extrae de restos de estas especies, ya sea de huesos o de dientes, y permite analizar el origen de las poblaciones, procesos migratorios y de mestizaje, vínculo biológico entre individuos, y otras cuestiones -dice-. Dentro de la paleogenómica, Pääbo merece sin dudas un Premio Nobel”.

Por su parte, Graciela Bailliet, investigadora del CONICET del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA) que colaboró hace unos años en un paper, publicado en la revista Nature, junto con el científico premiado, recuerda: “Fue un gran honor compartir ese trabajo con él”. Además, indica: “Él es una persona realmente destacada en la genética humana. Por iniciar, fue uno de los fundadores de analizar las poblaciones antiguas, el ADN antiguo y todos sus trabajos han sido sumamente importantes para conocer qué pasa con el ser humano en su evolución y su dispersión por el mundo. El trabajo que realizó sobre neandertales es realmente impresionante, porque es un resto de mucha antigüedad. El trabajo fue impactante porque permitió a la humanidad tener nuevos conocimientos que no teníamos hasta ese momento. Es como que nos abrió los ojos a la complejidad del ser humano y los neandertales en este planeta. Por eso celebro que le den este galardón, porque es una persona destacable”.

¿Quién es Svante Pääbo? Nació en 1955 en Estocolmo, Suecia. Defendió su tesis doctoral en 1986 en la Universidad de Uppsala y fue becario postdoctoral en la Universidad de Zürich, Suiza y más tarde en la Universidad de California, Berkeley, EE. UU. Se convirtió en profesor en la Universidad de Munich, Alemania en 1990. En 1999 fundó el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, donde todavía está activo. También ocupa un puesto como profesor adjunto en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa, Japón.

Crédito: Cintia Kemelmajer, www.conicet.gov.ar

3 de octubre: Seminario Externo – Dra. Sheila Ons (CENEXA)

El próximo lunes 3 de octubre a las 15hs nos visitará la Dra. Sheila ONS, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Neurobiología de Insectos vinculado al Centro de Endocrinología Experimental y Aplicada (CENEXA, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA)

Nos brindará un seminario titulado “Aportes de neurobiología en la búsqueda de controlar insectos perjudiciales con menor impacto ambiental”.

El seminario se realizará en el Aula Estevariz, segundo piso.

Con fondos del Estado Nacional se construirán tres nuevos edificios para centros e institutos del CONICET La Plata

Se trata de las sedes para el IGEVET y el IFLYSIB, de dependencia compartida con la UNLP, y el IMBICE, gestionado junto a la casa de estudios local y la CICPBA

Futuro edificio del IMBICE

Tras el anuncio realizado días atrás por el presidente Alberto Fernández, el Estado Nacional impulsará un plan de financiamiento para el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología que implica una inversión de 12.046.655.957 pesos para la construcción y refacción de 72 obras de edificios del CONICET en 21 provincias del país. En ese marco, tres centros e institutos dependientes del CONICET La Plata tendrán nuevas sedes. Es el caso del Instituto de Genética Veterinaria “Ing. Fernando Noel Dulout” (IGEVET, CONICET-UNLP); el Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos (IFLYSIB, CONICET-UNLP); y el Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA).

Las nuevas sedes del IGEVET y el IFLYSIB estarán ubicadas en el denominado Bosque Este platense, detrás de las vías del tren universitario, un sector que ya cuenta con numerosos edificios de centros e institutos de investigación y facultades de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). En tanto, el nuevo espacio para el IMBICE estará ubicado dentro del campus de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA), en Camino Centenario y 506, Gonnet.

El edificio del IGEVET tendrá 1.473 m2, una planta baja y dos pisos, y demandará una inversión de más de 300 millones de pesos. El del IFLYSIB también contará con tres niveles, con 1.456 m2 y una inversión de 291 millones de pesos. Por su parte, el del IMBICE tendrá 1.911 m2 y su obra demandará una inversión de 394 millones de pesos.

Crédito: Prensa CCT-La Plata – CONICET

Las múltiples tareas del primer laboratorio de genética forense de La Plata

Funciona desde hace más de 25 años en el IMBICE y está integrado por expertas del CONICET. Colaboran con la Justicia civil y organismos públicos y privados, como también a pedido de abogados de particulares

Lidia Arbeletche de Vidal Rioja -izquierda- junto a su equipo. Fotos: gentileza investigadora.

Todos los organismos vivos y los seres humanos en particular son genéticamente idénticos unos de otros en más de un 99 por ciento, pero hay una pequeña porción del genoma en la que se diferencian por completo lo que, por ende, hace a cada ser único. Ese fragmento genético que no alcanza el 1 por ciento se constituye como un paquete de datos valioso a la hora de determinar desde linajes ancestrales para poder establecer de qué manera las poblaciones del pasado migraron y se distribuyeron por el mundo hasta la identificación de individuos en el ámbito forense, ya sea para confirmar o descartar una paternidad, como para determinar la culpabilidad o inocencia del sospechoso de un acto criminal, o la identidad de una víctima.

A esto último se dedica el Laboratorio de Identificación Genética del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA) que funciona desde 1995, cuando se convirtió en el primer espacio dedicado a la genética forense de La Plata. “En aquellos tiempos, el tipo de estudios que realizamos no era tan común, y junto a una de mis tesistas de entonces, María Noelia Tourret, nos propusimos de algún modo devolver a la sociedad el conocimiento que habíamos adquirido en la universidad, haciendo un aporte desde la medicina forense, algo que no se conocía demasiado ni por la comunidad ni por la Justicia”, apunta la investigadora del CONICET en el IMBICE Lidia Arbeletche de Vidal Rioja, una de sus fundadoras.

Poco tiempo después de su conformación, a pedido de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, el laboratorio fue partícipe de una investigación que acaparó la atención nacional: el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas. El cuerpo del trabajador de prensa fue hallado calcinado dentro de su vehículo en proximidades del partido bonaerense de General Madariaga y, por el estado en el que se hallaba, su reconocimiento requirió la comparación del perfil genético de muestras de su ADN con el de los padres para establecer su identidad. “Eso significó un gran progreso para los investigadores del caso porque les permitió avanzar con la resolución del mismo, y a nosotras nos dio mucha visibilidad ya que, a partir de ese estudio, poco después fuimos convocadas por la Justicia provincial para identificar a los ocupantes de un automóvil yacentes durante dos años en el fondo del Riachuelo”, cuenta la experta.

Desde 2003, el laboratorio forense del IMBICE cuenta con la autorización y calificación de Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN) del CONICET, y en la actualidad presta servicios tanto a solicitud de la Justicia civil como de organismos públicos y privados y abogados de particulares fundamentalmente en análisis de paternidad, hermandad u otros parentescos biológicos, identificación de restos humanos, así como también en pericias de vestigios biológicos procedentes de escenarios delictivos.

Para resolver cualquiera de esas incógnitas los responsables del servicio utilizan marcadores genéticos denominados STR (por las siglas en inglés de Cortas Repeticiones en Tándem) consistentes en fragmentos relativamente cortos de la secuencia genética que se repiten un número variable de veces. “Son altamente variables, heredados de ambos padres y existen en la secuencia de ADN de los cromosomas somáticos, es decir los no sexuales, y de los sexuales X e Y, heredados por vía materna y paterna, respectivamente. Del análisis de los primeros se obtiene un perfil de datos único de una persona en el que cada marcador presenta un mínimo de dos variantes, o alelos, heredadas de cada progenitor. La comparación entre los diferentes perfiles de un estudio podrá mostrar compatibilidad o diferencias biológicas entre los individuos analizados, las que posteriormente permitirán confirmar o excluir un vínculo de parentesco  así como imputar o exonerar al sospechoso o sospechosa de un delito”, explica.

“El análisis de polimorfismos o variaciones Y-STR que los varones heredan de su padre, además de ser útiles en la confirmación de una paternidad o en la desestimación de un imputado por abuso sexual, permitirá identificar a todos los varones de un linaje paterno no importa que tan atrás en la historia llegue el estudio. Los varones tienen un único cromosoma X que heredan de su madre y transmiten a todas sus hijas mujeres. Por lo tanto, en un estudio de hermandad o media hermandad se espera que las hijas de un mismo varón compartan al menos un alelo de todos los X-STR analizados, pero si ello no ocurre para al menos un marcador se puede descartar que procedan de un mismo padre”, agrega.

Laboratorio especializado en el estudio del ADN mitocondrial

“Así como el cromosoma Y se hereda de padres a hijos varones, en las mujeres también hay una herencia de ADN exclusiva por vía femenina”, explica Arbeletche de Vidal Rioja, y añade: “Las madres transmiten ADN mitocondrial a todos sus hijos, pero solo las mujeres lo pasan a la generación siguiente. Esto permite identificar linajes maternos de un mismo origen”.

Este ADN mitocondrial se encuentra en las mitocondrias, que son unas organelas ubicadas en el citoplasma que recubre a las células a las que le aportan energía química. “Cada mitocondria tiene su propio genoma en cantidades de cientos a miles. En un estudio donde nos piden averiguar la relación entre una persona conocida donante de una muestra de referencia y el titular desconocido de una muestra de pelo cuyo ADN nuclear (proveniente del núcleo) es muy escaso además de degradado, recurrimos al análisis de regiones de secuencias hipervariables del genoma mitocondrial de las dos muestras. Así, obtenemos los perfiles de sus linajes y los comparamos. Si vemos que ambas secuencias mitocondriales difieren en dos o más nucleótidos significa que no pertenecen al mismo linaje mitocondrial, y por lo tanto podemos concluir en forma muy precisa que la persona de referencia no es ni está relacionada por vía materna con el donante de la muestra pilosa”, dice la experta.

Para finalizar, Arbeletche de Vidal Rioja cuenta que el trabajo que realiza junto a su equipo de “profesionales idóneas y muy activas” no termina en el análisis de las muestras: “Luego de esa etapa, sobreviene otra de interpretación y valoración de los datos, para lo cual se recurre a herramientas de estadística genética, con las que se evalúan las probabilidades de que las coincidencias de los perfiles genéticos comparados no sean producto del azar, o sea que permiten concluir el grado de certidumbre que tienen los resultados del estudio”, puntualiza.

Por Marcelo Gisande. (Prensa CCT-La Plata, CONICET)

Sobre investigación:

Lidia Arbeletche de Vidal Rioja. Investigadora principal ad honorem. IMBICE.

Florencia Di Rocco. Investigadora CICPBA. IMBICE.

Melina Anello. Becaria postdoctoral. IMBICE.

María Silvana Daverio. Becaria CICPBA. IMBICE.

Miriam Silbestro. Técnica principal. IMBICE.

El investigador del CONICET La Plata Mario Perelló recibirá el Premio Houssay

Se trata de uno de los máximos galardones que otorga el ministerio de Ciencia. El experto es el actual director del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular de nuestra ciudad

Mario Perelló. Foto: gentileza investigador.

Como todos los años, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación dio a conocer el listado de investigadores que serán galardonados con el Premio Houssay, una de las máximas distinciones que se otorgan en nuestro país a los exponentes más destacados del campo científico. Entre los cuatro expertos reconocidos se encuentra el investigador principal del CONICET La Plata Mario Perelló, director del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA), por el área de Ciencias de la Salud.

Doctor en Bioquímica por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Perelló realizó una estadía de seis años en Estados Unidos y a su regreso al país en 2010 se incorporó al IMBICE. Su línea de investigación se basa en el estudio de los circuitos neuronales y los mecanismos moleculares a través de los cuales la hormona ghrelina regula la respuesta al estrés y el apetito.

Autor de 92 publicaciones científicas de gran impacto internacional –con más de 3.400 citas– y dos capítulos de libros, fue distinguido como Miembro del Comité Editorial de distintas revistas, como Frontiers in Endocrinology and Neuroscience, Frontiers in Neuroscience and Nutrition y Journal of Neuroendocrinology. Además de su producción científica, Perelló es formador de recursos humanos de alta calidad, algo que se evidencia en la actualidad, ya que se encuentra dirigiendo cuatro tesis doctorales, un investigador y seis becarios del CONICET.

Cabe destacar que durante la ceremonia, a desarrollarse a mediados de diciembre, uno de los cuatro investigadores galardonados con el Houssay se hará acreedor a la Distinción Investigador/a de la Nación Argentina edición 2020, máximo reconocimiento que otorga el Estado Nacional en este campo.

Crédito: Prensa CCT La Plata – CONICET

Hospital de Niños: científicos miden en pacientes con obesidad el nivel de dos hormonas que frenan el apetito

Investigadores del CONICET La Plata analizaron muestras de chicos y descubrieron un desbalance entre las sustancias que regulan la ingesta de comida

El equipo de investigación completo. FOTOS Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Bs.As.

No es un simple paso más en los diez años que llevan desentrañando la función de ghrelina, una hormona producida por el estómago y encargada de regular el apetito avisándole al cerebro que tenemos hambre. Para el Laboratorio de Neurofisiología del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA), el estudio que se acaba de publicar en la prestigiosa revista científica European Journal of Endocrinology es el primer trabajo que sus integrantes logran en pacientes, una instancia largamente anhelada teniendo en cuenta que la trayectoria del grupo está mucho más ligada a las experiencias de laboratorio.

Lo que hicieron fue medir por primera vez en la historia los niveles de hormonas que regulan el hambre en niños con sobrepeso y obesidad que se atienden en el Servicio de Nutrición del Hospital de Niños “Sor María Ludovica” de La Plata. Si bien comenzaron buscando en sangre una forma de ghrelina llamada “desacilada”, al mismo tiempo en que llevaban adelante la investigación fue descubierta otra, que se bautizó LEAP2. Se trataba de una sustancia producida por el hígado y una parte del intestino delgado –el yeyuno– y, al igual que la anterior, también actuaba como un freno a la acción de ghrelina. Corría 2018 y los científicos supieron que estaban ante algo importante, por lo cual rápidamente decidieron incorporarla al estudio.

“Lo que descubrimos es que, contrario a lo que podría suponerse, no es que los chicos con sobrepeso tengan más cantidad de ghrelina, es decir la hormona que nos hace comer, que los de peso normal. Por el contrario, tienen menos. El problema está en que en ellos también están bajas la ghrelina desacilada y LEAP2, que son precisamente las encargadas de frenar a la primera. En esa proporción, la acción de ghrelina es mayor, y por eso creemos que persisten las ganas de comer”, explica Mario Perelló, investigador del CONICET y jefe del grupo del IMBICE.

El estudio, realizado en 82 pacientes de entre 3 y 12 años, confirmó algo que ya se sabía en adultos: en organismos con problemas de obesidad, la ghrelina desacilada baja con respecto a los cuerpos sanos. Pero esa no es la única diferencia: la hormona tampoco tiene los ritmos circadianos, esto es, los ciclos biológicos según los cuales cuando uno tiene hambre, ésta aumenta y, una vez que come, disminuye. “Es una repuesta fisiológica buena porque permite distinguir entre la sensación de apetito y la de estar satisfecho. En la obesidad, ese mecanismo de regulación no está presente. Y ahora le sumamos lo que vimos en niños, que es la reducción de las hormonas que justamente deberían detener el deseo de ingerir comida”, agrega Perelló.

También autora del trabajo, la investigadora del CONICET en el Instituto de Desarrollo e Investigaciones Pediátricas (IDIP, Hospital de Niños de La Plata-CICPBA) María Florencia Andreoli señala que los niveles de ghrelina desacilada se observaron en alrededor de un 40 por ciento menos que los que presentan niños con peso saludable, mientras que LEAP2 se encontró reducido en un 20 o 30 por ciento en la misma comparación. “Son números que tienen un significado estadístico muy importante”, afirma la especialista, al tiempo que destaca como uno de los aportes principales de estos resultados “el hecho de contribuir a la búsqueda de valores de referencia para saber qué cantidades de estas hormonas es lo normal o esperable de observar en chicos”, información que hasta el momento no existe en la bibliografía teniendo en cuenta que se trata de cuestiones de reciente descubrimiento.

“No es lo mismo medir determinado parámetro en un niño que en un adulto, o en la población occidental que en la oriental, por ejemplo, entonces nosotros tratamos de establecer valores propios de nuestra comunidad”, añade Andreoli, y continúa: “La obesidad es un problema multifactorial que afecta a todos los estratos sociales. Además, a esta altura se sabe que está relacionada con la malnutrición, que aunque en el imaginario colectivo aparezca asociada exclusivamente a una criatura desnutrida y flaquita, la realidad es que la falta de ciertos micro o macronutrientes es independiente de que el chico esté delgado o gordito”.

En este sentido, Perelló considera que “los pacientes pediátricos son un excelente nicho de estudio si pensamos que el sobrepeso en la infancia aumenta las posibilidades de tener diabetes o complicaciones cardiovasculares en la adultez, entonces despierta gran interés en tanto problema de salud pública”. Desde el hospital platense que formó parte del trabajo, las también autoras Julieta Hernández y Verónica Garrido alertan: “El incremento en la prevalencia de obesidad en niños, adolescentes y adultos tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo es alarmante, y su prevención debería ser una prioridad sanitaria, con particular énfasis en estimular hábitos saludables de vida en todos los grupos etarios, y en especial en el ámbito familiar”.

Como paso siguiente, los responsables de la investigación quieren ahora avanzar en la toma de muestras de los pacientes que hayan ingerido distintos tipos de comidas para observar si hay variaciones en los niveles de las hormonas, es decir si la producción de cada una responde a la presencia de grasas, hidratos de carbono u otros componentes de la dieta.

Sin eludir las complejidades que supone el trabajo en instancias clínicas –es decir con personas–, como por ejemplo la necesidad de contar con consentimientos informados y evaluaciones por parte de un comité de ética, los autores están muy entusiasmados con el curso de la investigación y coinciden en que “la interacción entre el universo científico y el de la práctica médica es muy interesante, porque en definitiva es adonde uno quiere llegar para aplicar todo el conocimiento que se generó en el laboratorio”.

Hernández y Garrido, por su parte, afirman que la colaboración entre los científicos y ellas como médicas les permitió “mejorar el estudio de estos pacientes, relacionar datos de laboratorio con la clínica de cada uno y enriquecer los resultados”, y concluyen: “Este capital humano integrado por especialistas de distintas disciplinas ha representado la plataforma estratégica para lograr que el conocimiento ayude a la sociedad a enfrentar la problemática y plantear o proyectar nuevos desafíos que puedan mejorar el flagelo de la obesidad”.

Por Mercedes Benialgo (Prensa CCT La Plata – CONICET)

Referencia bibliográfica:

Fittipaldi AS., Hernández J., Castrogiovanni D., Lufrano D., De Francesco PN., Garrido V., Vitaux P., Fasano MV., Fehrentz JA., Fernández A., Andreoli MF., Perello M. Plasma levels of ghrelin, des-acyl ghrelin and LEAP2 in children with obesity: correlation with age and insulin resistance. DOI: https://doi.org/10.1530/EJE-19-0684

Sobre investigación:

Antonela Fittipaldi. Becaria doctoral. IMBICE.

Julieta Hernández. Hospital de Niños de La Plata.

Daniel Castrogiovanni. Profesional principal. IMBICE.

Daniela Lufrano. Investigadora asistente CICPBA. IMBICE.

Pablo N. De Francesco. Investigador asistente. IMBICE.

Verónica Garrido. Hospital de Niños de La Plata.

P. Vitaux. Bertin Technologies, Francia.

María Victoria Fasano. IDIP. FCE, UNLP.

J.A. Fehrentz. CNRS, Universidad de Montpellier, Francia.

A. Fernández. Hospital de Niños de La Plata.

María Florencia Andreoli. IDIP.

Mario Perelló. Investigador principal. IMBICE.

Investigadores del CONICET descubren nuevos aspectos de la secreción de insulina

Un grupo del IMBICE y la Universidad de Quilmes junto a colegas alemanes identificaron un funcionamiento celular diferente al que se conocía hasta ahora.

Mario Ermácora y Pamela Toledo, los dos autores argentinos de la publicación. FOTOS: Gentileza investigadores.

Se puede decir que son dos hallazgos en uno: el primero, resultado de la búsqueda específica de los científicos a cargo, y el segundo, totalmente sorpresivo. Investigadores del Grupo de Biología Estructural y Biotecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (GBEyB, UNQ) vinculado al Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA) en colaboración con colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad Técnica de Dresde, Alemania, acaban de publicar sus últimos avances alcanzados luego de más de diez años de estudios celulares y moleculares de la diabetes. El artículo salió pocas semanas atrás en la revista Journal of Biological Chemistry.

Se trata de un trabajo centrado en la caracterización –es decir identificación y descripción detallada de la estructura y funciones– de una proteína llamada ICA512, que tiene un papel importante en la secreción de insulina, una hormona producida por el páncreas que interviene en el aprovechamiento de nutrientes de los alimentos, facilitando el ingreso del azúcar del torrente sanguíneo a las células para ser utilizada como una fuente de energía.

“Específicamente, demostramos cómo un segmento de esa proteína denominado RESP18HD interactúa con la insulina y se transforma  junto a ella en un precipitado, es decir en un cuerpo sólido que en este caso es blando y amorfo. Ese proceso estaría involucrado en la formación de los gránulos de insulina que se almacenan en el páncreas para ser liberados en la circulación sanguínea ante un estímulo, que precisamente suele ser la concentración creciente de glucosa”, explica Mario Ermácora, investigador del CONICET y director del IMBICE. “El descubrimiento –continúa– serviría para explicar mejor cómo se produce ese reclutamiento”.

Pero a su vez, y por casualidad, la investigación les mostró a los científicos que ese pasaje de la insulina a un estado sólido se inscribe dentro de un fenómeno más general muy novedoso conocido como formación de condensados proteicos, que básicamente consiste en una nueva forma de organización por parte de las proteínas dentro de las células. “Es un mecanismo descubierto hace pocos años según el cual las moléculas se ordenan en compartimentos sin membranas limitantes. Lo hacen en apariencia de gotas, algo que nos habla de un grado superior de compartimentalización. Lo más importante es que esto hace que el comportamiento colectivo prime por sobre las propiedades individuales y dé lugar a nuevas interpretaciones sobre los procesos celulares”, se entusiasma el experto.

Este mecanismo comienza a ser reconocido como un nuevo paradigma de la biología y se encuentra en pleno auge teniendo en cuenta que actualmente se publican a nivel mundial decenas de artículos diarios sobre procesos celulares que involucran condensación de fases sin membrana. “Este fenómeno aparece asociado, por ejemplo, a la multiplicación de partículas virales y a la formación patológica de fibras anormales en células de muchas enfermedades neurodegenerativas cuyo principal exponente es el Alzheimer”, agrega Ermácora.

Los autores del trabajo coinciden en que es difícil saber en esta instancia en qué podría derivar este hallazgo, pero aseguran que ha causado gran sorpresa y el hecho de conocer mejor cómo es el proceso que da lugar a los gránulos de insulina permite formular nuevas hipótesis en el estudio de los trastornos diabéticos.

Por Mercedes Benialgo

Sobre investigación:

Pamela L. Toledo. UNQ.
Juha M. Torkko. UT, Dresde, Alemania.
Andreas Müller. UT, Dresde, Alemania.
Carolin Wegbrod. UT, Dresde, Alemania.
Anke Sönmez. UT, Dresde, Alemania.
Michele Solimena. UT, Dresde, Alemania.
Mario R. Ermácora. Investigador principal. GBEyB, UNQ, IMBICE.

Nanopartículas de silicio para terapias médicas de precisión

De izquierda a derecha: Cristian Lillo, Natalia Calienni y Jorge Montanari.

Dos papers de reciente aparición en Nanomedicine, “Toward biomedical application of amino-functionalized silicon nanoparticles” y “Comparative toxicity of PEG and folate-derivated blue-emitting silicon nanoparticles: in vitro and in vivo studies”, describen estudios sobre la aplicación biomédica de nanopartículas de silicio.

Estas nano partículas, sintetizadas por el Dr. Cristian Lillo originalmente en el INIFTA, son luminiscentes y generan especies reactivas del oxígeno cuando son irradiadas, por lo que tienen un interesante potencial como teranósticos.

Teranóstica es una nueva disciplina médica de precisión que combina intervención terapéutica focalizada en células blanco basada en sondas altamente específicas. altamente específicas.

En los artículos mencionados se estudió cómo se comportan las nanopartículas cuando son modificadas químicamente en su superficie para ser utilizadas como efectores de terapia fotodinámica y de radioterapia, cómo ingresan a la piel cuando son incorporadas a nanosistemas de transporte para la vía tópica, y cómo se puede modular su toxicidad luego de fotoactivarlas. Se encontró que la funcionalización con ácido fólico aumenta su biocompatibilidad, a la vez que podría ayudar su direccionamiento a células tumorales.

En este proyecto trabajan el Instituto de Nanosistemas (UNSAM), donde el Dr. Lillo desarrolló su postdoctorado, y el GBEyB, del IMBICE. La primera autoría de los trabajos fue compartida entre el Dr. Lillo y la doctoranda del Natalia Calienni. Además han participado las Dras. María Jimena Prieto y Silvia del Valle Alonso y el Dr. Jorge Montanari.

La línea de investigación perteneciente al GBEyB dirigida por el Dr. Montanari en la que se inscriben estos trabajos consiste en el desarrollo de nanosistemas de aplicación tópica para el tratamiento de distintas afecciones de la piel, que van desde carcinomas hasta parasitosis como la leishmaniasis, y donde también se incluye el aprovechamiento de estas tecnologías para el desarrollo de nanocosméticos de alto valor agregado.

Sobre Investigación:

Rolando Cristian R. Lillo. Becario posdoctoral. INS, UNSAM.

María Natalia Calienni. Becaria doctora. Grupo vinculado al IMBICE-GBEyB.

María Jimena Prieto. Investigadora Adjunta. Grupo vinculado al IMBICE-GBEyB.

Roxana Mayra Gorojod. UBA.

Silvia del Valle Alonso. Investigadora Principal. Grupo vinculado al IMBICE-GBEyB.

Mónica Lidia Kotler. Investigadora Principal. IQUIBICEN.

Mónica Cristina González. Investigadora Principal. INIFTA.

Jorge M. Montanari. Investigador Adjunto. Grupo vinculado al IMBICE-GBEyB.